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DESCARGAR LIBRO CORONACION JOSE DONOSO PDF

Download as DOCX, PDF, TXT or read online from Scribd . ción Obra literaria escrita por José donoso en y llevada a la pantalla grande. Coronación (Sergio Olhovich, ) Angee Para Zoowoman. Primera versión de la novela de José Donoso. Descarga; Ver en línea. novels from Coronacion to El obsceno pajaro de la noche is vital Jose Donoso is recognized today by c r i t i c s and by the reading public Ningun libro.

Author: Kacage Mikakasa
Country: Bahamas
Language: English (Spanish)
Genre: Finance
Published (Last): 7 July 2013
Pages: 469
PDF File Size: 11.91 Mb
ePub File Size: 3.96 Mb
ISBN: 190-6-63399-265-7
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Price: Free* [*Free Regsitration Required]
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Los obreros son muy conscientes de sus postergados derechos, y trabajan para continuar siendo lo que son en las mejores condiciones posibles. Vigilaban los grandes terrones de cuarzo salado en horquillas de palo colocadas en el centro de sus potreros para que no le faltara sal al ganado lanar.

Con el chirrido de sus ejes de descatgar, las pocas carretas de ruedas enterizas que iban quedando levantaban tierrales al llegar al pueblo, moliendo bostas secas, avanzando paso a paso cargadas con porotos de la trilla, y cebollas y pimientos de guarda. Pero no lo soy, como tampoco soy plebeyo. Tuvo tres hijas y un solo hijo. Juan Emar es objeto de un curioso culto literario, y los entendidos lo consideran uno de los creadores de la prosa surrealista latinoamericana.

Es a esa clase que hay que echarle la culpa de todo: No se rebelaba ni daba su brazo a torcer, sin embargo: Me dispuse a intervenir: El negro era feroz, largo, flaco, una sombra inmensa, las facciones marcadas con crueles cicatrices tribales. Dieron la vuelta entera a la Plaza bajo los soportales.

Se detuvieron ante una vitrina iluminada.

No era un muchacho, me di cuenta a la luz: Se quedaron mudos un drscargar. Tuve el impulso de intervenir, hacer algo que convenciera al negro de que se quedara con mi madre para mitigar su dolor. El negro se iba por debajo de los arcos, confundido con las sombras de las pilastras. Ya no coronacioh nadie bajo los portales. Lo llamaban unos amigos Mi madre, libr un respingo, se puso de pie murmurando: Nos apresuramos a aceptar su convite.

Sin encender la luz, fui a sentarme en la cama que ella ocupaba junto a mi hija en la pieza de al lado. Estaba seguro de que mi madre no lloraba por nada relacionado con la luna.

Seguro que en la luna jode fuma. Como si sus delicadas facciones se transformaran de repente en las de una negra muy vieja, encorvada sobre el eterno fuego primitivo que los miserables encandilan sobre la tierra, pensando en las cosas en que se donlso iba la vida. Una noche que es parte de una historia que nunca concluye No recuerdo si asistieron o no.

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El hecho es que 28 este viaje tuvo dos resultados: Ya no le quedaba dinero para repetir esa gracia. Vayan a La Merced a traer a Popaul El matrimonio, como todos, tuvo altos y bajos.

Si me quieres escribir Ya sabes mi paradero Ya sabes mi paradero: Incluso yo mismo soy rendido admirador de los vescargar que conozco. Esta inactividad le encantaba a Juan Emar, inmovilizado por su sempiterno cafard. Le llegaban con frecuencia cartas de sus hijos de todas partes: Hay quien recuerda a las dos escandalosas figuras femeninas ataviadas con kimono, peinando sus largas cabelleras negras en una ventana.

Vestidas ambas de sayal, predicaban la no violencia en las esquinas de la rive gauche.

Lanza del Vasto reza. Era como obra de un shamanismo adivinatorio de Scroggie: Sin embargo, hasta hoy recuerdo los versos escuchados en su falda: Soy el Farolero de la Puerta del Sol cojo mi escalera y enciendo el farol. Dios te va a mandar otro perrito.

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Dos o tres veces estuve a punto de seguir ese consejo. Un bozo azulado dibujaba apenas su labio superior y los costados cpronacion no infantiles de sus mejillas, junto a las orejas. Esto era lo que opinaban algunos de los amigos de mi padre que frecuentaban nuestra mesa. De noche, estas viudas ya olvidadas y solas eran atendidas joss monjitas de la Caridad que les administraban sus tomas inclinando sobre sus almohadas las alas almidonadas de sus papalinas medievales: Se produjo el desbande 52 de los parientes, que tuvieron que abandonar las distintas sinecuras que los albergaban en el diario.

Pasaba el pavero guiando su bandada con coronacioon larga varilla de sauce-mimbre, no muy distinto al pavero dibujado por Rugendas un siglo antes.

De los fundos de la parentela llegaban productos que nos ayudaban a subsistir: La ojse fiesta, sangrienta o de agasajo, se desarrollaba en otra parte.

Yo no estaba invitado: La aventura de abandonar la sofocante patria y el hogar hizo que mis amigos apenas egresados del colegio consideraran demasiado audaz mi proyecto, y para algunos fue inaceptable. Por cierto, hice ambas cosas apenas pude.

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Y me fui a Punta Arenas, frente al Estrecho de Magallanes, en el extremo sur del continente, sin saber absolutamente nada sobre lo que iba a encontrar. No, yo no era un turista, un viajero cualquiera: Por fortuna era casi siempre el mismo. Yo suelo contestar con una sola palabra: Bastaba inmovilizarlas con la fuerza cpronacion mis rodillas y, con un solo tajo en la garganta moribunda, hacer manar su sangre. Yo era un animal raro, de otro pelo. Pasaba mis horas de descanso leyendo, a veces hasta pintando.

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Me interesaba todo lo nuevo. Y conversaciones casuales con gente desconocida. Los asistentes al funeral fueron, para no exagerar, variados: Pero tuve, en cierta medida, suerte: En mi tiempo era distinto: Le gustaba, incluso, que le leyera trozos de lo que iba escribiendo.

Voy descadgar creer en tu capacidad cuando hayas escrito una novela con toda la barba. Aunque no tan otra. Estudiarla en la Universidad de Chile era imposible: No era el Country Club. Los Silva partieron al poco rato. Ya no existen cajones secretos. Mejor tirarlos a la basura Decsargar de ckronacion de mercado, de modo que es preferible deshacerse de todo eso. Nada que parezca capaz de acumular el tiempo y el trabajo de las personas debe tirarse a la basura, como nosotros lo hacemos constantemente con lo que creemos que son nuestros desechos, pero que pueden conservar la memoria.

No era una mujer dulce, por lo menos en la superficie. Su bien y su mal, su debe y su no debe, no eran lejanos, sino que estaban al alcance de nuestro entendimiento y nuestra capacidad para cumplir con ellos. Era ella, sin duda, quien mandaba en la casa en materia de provisiones, elegancia y generosidad en la mesa, cuando llegaban visitas. La francesita se llamaba Laure: A Laure no le gustaban mucho estos desmanes afectivos de su padre: Su ropa era demasiado distinta.

Pero con el tiempo fue naciendo una caterva de chiquillos rubios, todos menores que el Vergara moreno. A pesar de tener conciencia del percance sufrido por su madre, fueron siempre muy afectuosos con su hermano mayor. La Nana Teresa, muy joven, me sostiene en sus brazos como para lucirme.

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No siempre contaba el mismo cuento. Me acuerdo, por ejemplo, de las varias versiones del final de Madame Butterfly: Uno de mis placeres preferidos ha sido siempre la relectura obsesiva de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust.

Dentro de algunas limitaciones, soy un pasable conocedor de Proust. Los grandes se callaban cuando yo entraba al comedor y la charla viraba hacia temas inofensivos.

Ella apenas se daba cuenta de mi existencia. Pero en mi adolescencia, con la cara llena de espinillas, anteojos y un forzoso tren de entusiasmos librp cumplidos, me iba a instalar a la hora de la salida de la piscina en el Country Club para hojear el Illustrated London News. Fui tu primer amor.